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| DIARIO
DEL ALTOARAGÓN Domingo, 29 de agosto del 2010 |
Por J. Mariano
Seral |
DE
SANTA EULALIA LA MAYOR A SAN JULIÁN DE BANZO PASANDO POR SAN MARTÍN |
Una
jornada dominical más nos desprendemos del férreo yugo de
la rutina diaria saliendo al campo, dejamos en la ciudad el estrés
diario, cambiamos la impersonalidad del bullicio del gentío, el
molesto soniquete de los vehículos de motor de explosión,
la dureza del negro asfalto recalentado en la época estival, por
la musicalidad del discurrir de las cristalinas aguas de los arroyos,
el alegre canto de los pajarillos, la refrescante brisa de las primeras
horas de la mañana meciendo suavemente la vegetación. Al
igual que el buen pastor abre el aprisco a su rebaño nosotros dejamos
expansionarse a nuestros pensamientos por los verdes prados. Salimos desde
Huesca, tomamos la N-240, una vez que llegamos a la altura del Estrecho
Quinto cogemos el desvío dirección Loporzano, seguimos por
este vial hasta llegar a Santa Eulalia la Mayor, población en la
cual iniciamos nuestra andadura con las primeras luces del alba, realizando
un recorrido por el caserío de esta localidad, lugar en el cual
se respira historia, nos detenemos durante unos instantes para observar
la fachada de casa Calvo, citamos a Adolfo Castán, lugares del
Alto Aragón: “ Del s. XVIII con capilla privada cuya puerta
despliega dovelas decoradas con la fecha de 1704”. Destaca alguna
puerta de entrada bajo arco de medio punto de grandes dovelas. La iglesia
dedicada a San Pedro, con bonita puerta de entrada,
citamos a Bizen D’o Río folleto editado por el ayuntamiento
de Loporzano: “La portada es de dos cuerpos. El inferior de arco
de medio punto entre columnas pareadas que sostienen una estructura arquitrabada
dórica”. En una de las plazas se ha recuperado un horno de
pan. En la parte norte del pueblo la ermita de la Virgen de Sescún
de estilo románico, de planta rectangular, tejado de losas a dos
aguas, paredes de sillería y sillarejo, la puerta con orientación
oeste bajo arco de medio punto con tres arquivoltas, en el muro norte
se observa una puerta cegada y un gran arco también cegado, en
el muro sur puerta bajo arco de medio punto con dos arquivoltas, en su
interior bóveda apuntada. Al este de dicha ermita se erige la atalaya,
sobre un risco de roca caliza, tiene forma cilíndrica, construida
con mampuestos procedentes del entorno, unidos por argamasa, data del
siglo XI. Presenta un aspecto remozado ya que ha sido restaurada y se
ha colocado una escalera metálica exterior que nos permite subir
a su parte más alta y otear el terreno emulando en cierto modo
a sus primeros ocupantes. Un panel informativo nos indica el lavadero
del SXVII, tomamos esta senda, en los primeros metros nos topamos con
una mesa de interpretación que nos da información
sobre la vegetación, sobre el relieve que vemos, de Vadiello, de
las aves que habitan esta zona, poco después llegamos a dicho lavadero
cercano a una fuente, presenta forma rectangular, a pesar de que todos
los lados no tienen la misma longitud, sus paredes interiores construidas
de mampostería, sobre ellas unas losas ligeramente inclinadas hacia
el interior sobre las cuales se realizaba la labor de lavar la ropa. También
la mesa de interpretación próxima nos narra que en las cercanías
hay un arenal del que se extraía arena fina que se utilizaba para
fregar a modo de estropajo. Es recomendable leer estos paneles informativos
ya que siempre nos cuentan hechos de la zona de gran interés. Dejamos
atrás el pueblo y tomamos rumbo norte por la pista, después
de andar durante unos minutos tenemos unas buenas vistas de la Sierra
Guara, Vadiello, la grisácea pared de los Mallos de Ligüerre,
los Pepes, y en la base del acantilado el eremitorio de San Chinés,
por el oeste tras avanzar unos dos kilómetros contemplamos los
tonos rojizos del Salto de Roldán. Tomamos un desvío a mano
izquierda que nos indica San Martín de la Val de Onsera, la pista
transita por los campos de Ciano, dichos campos ocupan
una depresión del terreno que se origino por la condición
kárstica de la zona, se denomina con el nombre de polje. Las espigas
del trigo tiñen el lienzo de verde con tintes dorados, pasamos
por las inmediaciones del corral de Calvo, los cubiertos no han podido
resistir el paso del tiempo, los muros de dicho corral mimetizados entre
la vegetación, restan en pie las maltrechas paredes de una construcción
auxiliar de dos plantas, el tejado era de dos aguas, por la vertiente
este un vano bajo dintel de una losa daba acceso a la segunda planta,
al estar la construcción en un desnivel. Unos metros más
al norte se emplaza el corral de Sánchez, todavía subsiste
al paso del tiempo un tramo de cubierto de teja árabe, junto al
corral una construcción auxiliar con un vano por el muro este,
también restan los muros de una pequeña caseta de planta
cuadrada, es curioso ver como los mampuestos buscan la alineación
en hiladas horizontales. Ambos corrales están construidos en la
transición de las fértiles tierras de cultivo a la estéril
roca, de planta rectangular y cierta vergencia hacia el oeste, si sorprende
la orientación hacia occidente de dichos cubiertos, aunque es cierto
que al hallarnos en una depresión del terreno no se nota la intensidad
de los azotes del cierzo, en otros puntos se les da orientación
sur para romper los embates de dicho viento. En las rocas observamos multitud
de fósiles incrustados. Para nuestra sorpresa nos encontramos con
un pétreo rodillo troncocónico que se utilizaba para compactar
las eras antes de la trilla.
Dejamos a nuestra espalda esta depresión que tiene como desagüe
el barranco de la Pillera. Nos introducimos entre el verde del pinar que
bordea los campos con alguna cálida pincelada de amarillo del erizón.
Llegamos a las postrimerías de la pista, el paisaje cambia tal
que si fuese una ventana que se abriese de par en par, nos detenemos unos
instantes para contemplar el pétreo lienzo, por el norte los acantilados
que quisieron mantener en el anonimato la belleza del entorno próximo
de la ermita de San Martín de la Val de Onsera, sin haberlo logrado.
De repente escuchamos el resollar de un deportista que en esta ocasión
sube corriendo por la senda, la cual tiene una pronunciada pendiente.
La vegetación se cierra, se espesa, a la derecha una pedrera a
través de la cual la senda se bifurca dirección San Martín,
el otro ramal de dicha senda baja hasta las proximidades de la puerta
del Cierzo. Posteriormente ambas opciones se internan en un cerrado carrascal.
Llegamos a una placa que nos recuerda el hecho trágico que acaeció
en este punto en el cual falleció un vecino de Barluenga: “
cerca del barranco inmediato próximo el camino, en que habiéndose
acogido a un peñasco para salir del punto en que se hallaba, se
desprendió causándole la muerte”. En este lugar dicha
senda se vuelve a bifurcar, podemos optar por seguir por el paso de la
Viñeta, opción descartada para aquellas personas que tengan
vértigo ya que hay que pasar por un acantilado aunque hay silgas
escalones y alguna
barandilla, la otra opción es el camino de los Burros, alternativa
que tomamos, esta vereda está bien marcada y desbrozada, desde
la cual también tenemos unas buenas vistas de los campos de Ciano,
del barranco, de las pétreas formaciones montañosas que
acogen a la ermita de San Martín. En pocos minutos llegamos al
collado de San Salvador citamos a José Mª Fuixench Naval –
Santuarios rupestres del Alto Aragón: “donde hubo antaño
una ermita en la que oraban los fieles para pedir protección en
tan arriesgado trayecto”. Adolfo Castán en su libro -Lugares
mágicos del Alto Aragón aporta algún dato más:”
a su lado había un establo donde se dejaban las monturas”.
En dicho collado podemos observar los restos de unos muros de piedra seca
de planta rectangular. Permanecemos durante unos minutos observando los
grisáceos crestones moteados en la vertiente norte (Matapaños)
de amarillo del erizón. Iniciamos el descenso hacia el barranco
de San Martín, buscando en algunos tramos las oquedades donde poder
hincar el pie, la pertinaz lluvia del presente año ha dejado la
roca desnuda y dificulta la bajada por la gran pendiente. En pocos minutos
arribamos al lecho del barranco, escuchamos el susurro de las aguas que
discurren por dicho arroyo. Llegamos a la ermita, tras ella una cascada
de cristalinas aguas, el lugar es precioso, ni los retratos que hacemos
del lugar, ni los vocablos que
podamos escribir hacen justicia al enclave en el cual nos hallamos. No
podemos dejar de pensar en el significado de recóndito:”
Muy escondido, reservado y oculto”. También por estos parajes paso San Úrbez, citamos a Adolfo Castán – Lugares mágicos del Alto Aragón: “otro visitante ilustre recala en estas profundidades, San Úrbez, pastor y abogado de la lluvia en la montaña oscense, que permaneció en el santuario hasta ser ordenado sacerdote”. Podemos entrar en la ermita, la puerta permanece abierta al visitante, el recinto aprovecha como parte de la techumbre la oquedad de la roca. También el incansable Lucien Briet paso por este lugar como así lo transcribió en su libro Soberbios Pirineos, citamos un fragmento de dicha bibliografía: “ La fisura de la Val de Onsera se convertía en un pozo monstruoso. Nos encontrábamos en el fondo de una sima triangular que nos aprisionaba de un modo casi indescriptible”. Después de disfrutar de la belleza de este recóndito lugar reiniciamos nuestro caminar. Bajamos por la senda dejamos atrás el carrascal, a mano izquierda se queda el desvío que se dirige a Santa Eulalia, en pocos minutos llegamos a la Puerta del Cierzo, el agua cincelo este estrecho paso entre la roca, el elemento líquido brota de la tierra en la fuente del Cierzo, aguas que durante unos metros discurre por la superficie, posteriormente se filtrarán y fluirán bajo el lecho de l
barranco. Tras unos minutos caminamos por el seco cauce del barranco de
San Martín, sobre blancos cantos rodados, por la disposición
de estos y de la vegetación se aprecia que en algunos momentos
coincidentes con épocas de lluvias y tormentas debe llevar cierto
caudal de agua. La senda abandona momentáneamente el barranco para
volver a internarse posteriormente por el mismo en el tramo final, en
el cual afloran las aguas que cauce arriba se habían ocultado llevando
de este modo un exiguo caudal. Pasamos por el aparcamiento, en el cual
dos escaladores recogen el material de escalada, nos comentan que han
estado escalando por el entorno de la Puerta del Cierzo. En pocos minutos
arribamos a la población de San Julián de Banzo, en las
proximidades de una nave de uso agropecuario quedan los restos de un crucero,
la base del fuste se embute en un sillar cúbico. Nos aproximamos
hasta la fuente de sillería y el lavadero, mientras saciamos nuestra
sed observamos una cosechadora la cual termina de segar un campo de dorado
cereal en el entorno próximo. Nos viene a la mente antiguos oficios,
esta maquina corta la mies, en antaño se hacía con hoz y
dalla, trilla la garba, en antaño se llevaba a la era y se realizaba
esta labor con el trillo tirado por las caballerías, separa el
dorado grano de la paja, en antaño se usaba la aventadora. Hemos
llegado al final de nuestra excursión y de nuestro escrito, ya
sólo queda despedirnos, pero no podemos terminar sin entrelazar
unos últimos vocablos de admiración para los eremitas que
habitaron en la ermita de la Val de Onsera, este recóndito paraje
colmado de misticismo y belleza, personas que buscaban la soledad, el
retiro, dedicándose a la vida espiritual, pasando sus vidas con
una frugal dieta, manteniendo el corazón y el espíritu alegre
con la oración.Articulo en pdf de Santa Eulalia a San Julián de Banzo: pag1 - pag2 |
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j. Mariano Seral |