DIARIO DEL ALTOARAGÓN
Domingo, 16 de mayo del 2010
Por J. Mariano Seral
AL PIE DE LA SIERRA GUARA: POR TIERRAS DE COSCULLANO, AGUAS Y PANZANO
 
El gélido invierno cedía su batuta a la floreciente primavera, la cual comenzaba a dirigir una sinfonía sonora y visual de vivo colorido, cada componente interpretaba su partitura con gran virtuosidad, los verdes sembrados ondeaban al viento, las flores de los almendros moteaban de blanco el campo, el murmullo de los arroyos se avivaba, el sordo zumbido de las abejas revoloteando de flor en flor en busca de néctar se perdía en la lejanía, las oscuras golondrinas un año más volvían a dar vida a sus nidos. Nosotros salíamos desde Huesca por la N-240 con la intención de llegar hasta Panzano, a la altura del Estrecho Quinto tomamos el desvío a mano izquierda, antes de llegar a Loporzano seguimos el vial que se dirige a Bandaliés, Sipán, Aguas….. .Pasamos por delante de Coscullano, pueblo en el cual tengo mis raíces. Al ver los campos de labor, pensaba en mis padres, abuelos y generaciones anteriores que se habían dedicado por completo a la agricultura y ganadería, el que escribe estos vocablos entrelazados había truncado esa tradición generacional agropecuaria, pertenecía a ese grupo de personas que había emigrado del campo a la ciudad contribuyendo muy a mi pesar a las despoblación de la zona rural, pero ese cariño por el campo se mantenía vivo, ese arraigo me hacía volver cada fin de semana para sentir bajo mis pies la tierra de los verdes sembrados, mirar la viveza del mosaico multicolor del paisaje agrícola, respirar la pureza del aroma a campo y escuchar su relajante sonido, rompiendo de este modo los grilletes que nos sujetan a la rutina diaria.
Seguimos por el vial dirección a Aguas, por el norte como no, nuestra fiel compañera de viaje la Sierra Guara, ataviada de blanco por las copiosas nevadas. Blanco níveo que se saluda en la lejanía con el blanco de las flores de los almendros que engalanan el paisaje. La ascendente carretera discurre por el vestido talud de la sarda, en la base se emplazan los vestigios de la tejería de Coscullano, en el camino de Ibieca, a unos 10 minutos de la A-1227 en las inmediaciones del barranco Fornillé, en dicho barranco el agua se encajona entre la roca arenisca creándose unas pequeñas pozas. A la derecha mimetizada entre las carrascas y monte bajo se encuentra la tejería. De planta cuadrada, paredes exteriores de mampostería irregular, buscando la alineación horizontal, semiderruidas, en la vertiente este la boca del horno, la bóveda a duras penas resiste. A escasos metros en el suelo podemos ver fragmentos de ladrillos y tejas, unos de color rojizo y otros de tintes ocres. A la izquierda observamos unos muros de mampostería de un edificio de planta rectangular, esquinazos de sillarejo, puerta de acceso al norte, el muro oeste de mayor altura, el tejado no ha podido resistir el paso del tiempo. Esta construcción servía para resguardar las tejas antes de su cocción en caso de lluvia. También en el camino de Coscullano a Aguas hay dos reseñas históricas, una de ellas son los restos de un horno de cal, situado en un pequeño talud en las inmediaciones del barranco, en la parte inferior estaba la boca del horno, las paredes rojizas arcillosas se han ido desmoronando, de planta circular, a su alrededor tierras ennegrecidas al haber estado sometidas a altas temperaturas. La segunda reseña que mencionaba son las huellas de los carros esculpidas en un estrato de arenisca, el resto del camino la vegetación y la erosión se van encargando de borrarlo, al igual que el paso del tiempo se encarga de borrar esa historia no escrita, esa historia de transmisión oral que permanece en la memoria de las personas mayores.
En pocos minutos llegamos a Aguas, nuestra primera parada tiene lugar en la fuente, al norte del pueblo, de sillería, tejadillo a dos aguas, decorada con tres bolas, las cristalinas aguas discurren por el abrevadero y se remansan en el lavadero en el cual se combina la sillería con el cemento. Entramos en el pueblo, realizamos un recorrido por sus calles, sobre el caserío destaca la Iglesia dedicada a Santiago, citamos a Adolfo Castán Lugares del Alto Aragón: “alzada sobre planta románica tardía, reformada en los siglos XVI -XVII galería de ventanas y portada clásica, maciza torre de sillería en los pies.” Viviendas con puertas de entrada bajo arcos de medio punto, y adinteladas, nos detenemos para observar las dovelas cajeadas de uno de dichos arcos, en su clave podemos leer 1812, zócalos y cadenas de sillería.
Reemprendemos el viaje, tras unos minutos hacemos de nuevo un alto, en esta ocasión en el río Calcón, habíamos leído en la misma bibliografía citada anteriormente que en esta población hubo molino harinero, motivo por el cual tomamos una pista que sube por la ribera oeste de dicho río, posteriormente lo cruzamos por un pequeño puente, llegamos a un edificio de mampostería de planta rectangular tejado de un agua, no se observa cárcavo alguno ni acequias, seguimos dirección norte, parece ser que el azud estaba aguas arriba, pero la espesa vegetación y el elevado caudal del río dificultan nuestro avance, por lo cual decidimos volver a visitar la zona en la época estival, cuando el río silencie su murmullo.
Nos subimos a nuestro vehículo, en pocos minutos arribamos a la población de Panzano, damos una vuelta por su caserío, puertas de entrada bajo arco de medio punto, alguno de ellos de dovelas cajeadas, zócalos, cadenas y esquinazos de sillería, en la plaza destaca el crucero de planta cuadrada, fuste de una pieza, en la cruz figura la fecha de 1867.
Al sur del pueblo se emplaza la Iglesia de San Pedro, de estilo románico, de sillería, los sillares de la torre delatan que ha sido restaurada no hace muchos años. Ábside semicircular, en la vertiente sur una puerta cegada bajo arco de medio punto con tres arquivoltas y un crismón en el tímpano. Leemos un panel informativo: “se construyó en el siglo XII. Con posterioridad se añadieron la torre, la capilla y la sacristía. En 1730 debió abrirse la puerta de los pies protegida por el pórtico.” Dicha puerta bajo arco de medio punto con dovelas cajeadas. Consultamos el libro de José Luis Aramendía – El románico en Aragón: “ Planta rectangular, es de tramo único con bóveda de medio cañón, y capillas laterales posteriormente añadidas a modo de crucero. El alero del ábside descansa sobre modillones rectos y con rollos.”
Tomamos rumbo oeste con la intención de llegar hasta la ermita de la Magdalena, la pista transcurre entre campos de cereal y algún olivar, en el último tramo se empina y tras pasar una zona de carrascas, almendros y olivos llegamos hasta la ermita, de planta rectangular, paredes de sillería, tejado de dos aguas, en la vertiente sur un gran porche cubre un arco de sillería de grandes dimensiones cegado, en el cual se abre la puerta de acceso, citamos a Adolfo Castán – Lugares del Alto Aragón: “su nave fue acortada, probablemente por hallarse en ruinas”. Tras esta información deducimos que el gran porche corresponde a la zona que fue acortada. Desde este enclave hay unas vistas preciosas: por el oeste escuchamos el rumor de las aguas del río Calcón, el blanco de las parcelas de almendros frente al vigoroso verde de los campos de cereal. Por el norte la Sierra Guara y el cañón esculpido por el Formiga, por el este el caserío de Panzano.
Dedicamos unos últimos minutos a contemplar la Sierra y retornamos a nuestra morada: Sus cumbres ensalzadas por la pureza del blanco níveo, blanco que se va fundiendo tornándose en gris azulado de la caliza, entre alguna pincelada rojiza, los pinos, buchos y carrascas tiñen de verde sus faldas. Nuestra mirada se enclaustra en el cañón del Formiga y tras un corto espacio de tiempo desemboca en los verdes sembrados.

Articulo en pdf: POR TIERRAS DE COSCULLANO AGUAS Y PANZANO
VOLVER
 

ww.marianoseral.com j. Mariano Seral