DIARIO DEL ALTOARAGÓN
Especial San Lorenzo Lunes 10 de agosto del 2.009
 
SANTA CILIA DE PANZANO: DIRECCIÓN VALLEMONA por J. Mariano Seral
 

La estación invernal había llegado con cierta intensidad en el presente año, tejiendo un suave manto blanco que cubría de forma efímera la Sierra Guara, cambiando temporalmente las tonalidades del lienzo, nos dimos unos días antes de iniciar una nueva excursión, dando tiempo a los rayos solares que poco a poco fueran ganando perpendicularidad, gracias al movimiento de translación de la tierra y cual pincel en mano del pintor cambiasen el colorido del cuadro, fundiendo la nieve en ese elemento líquido que nutre la red hídrica dándole vida. Esperando, la mirábamos de reojo, las condiciones de la atmósfera también hacían cambiar la percepción visual en cuanto a la cercanía o lejanía, a pesar de que la distancia física siempre es la misma. En diciembre y enero en más de una ocasión la podemos ver de blanco, de vez en cuando las nieblas echan el telón de fondo ocultando temporalmente esta formación montañosa, en junio el erizón le da tonalidades amarillentas, el resto del año las calizas la tiñen de azul grisáceo, otras veces las nubes impulsadas por el viento cabalgan con ligereza sobre sus crestas tomando formas caprichosas, dejando rienda suelta a la imaginación, incluso cada año puede cambiar la intensidad de los matices en función del rigor de las condiciones climatológicas.
En el primer fin de semana de enero realizamos una excursión por la zona, nosotros salimos desde Coscullano pueblo del cual soy, seguimos la A-1227, rumbo a Santa Cilia de Panzano (desde Huesca hay que coger la N-240 dirección Barbastro, en el Estrecho Quinto tomar el desvío dirección Bandaliés). Pasamos sobre el río Calcón y el Formiga que tienen su nacimiento en la vertiente sur de la Sierra. Por el oeste entre el Borón y Fragineto transcurre el río Guatizalema, remansando sus cristalinas aguas en el embalse de Vadiello, por el este al pie de Cabeza de Gura el río Alcanadre, ejerciendo su pertinaz labor escultórica cincelando el paisaje. En un artículos de Bienvenido Mascaray publicado por el Diario del AltoAragón, nos da abundante información de la Sierra Guara, así como su significado “los torrentes”, en otro artículo del mismo autor nos habla del Calcón y del Formiga, la procedencia de su nombre y su significado, “pedruscos calizos” y “extremadamente angosto” respectivamente.
La mañana ha salido soleada, mitigando en cierto modo las bajas temperaturas de las primeras horas del nuevo día. Las zonas de umbría están completamente cubiertas de una fina capa de diminutos cristalillos de hielo, que a pesar de teñir la tierra de un gélido blanco recibe el nombre de rosada. Antes de llegar a Bastarás a mano izquierda hay un desvío que nos deja en Santa Cilia de Panzano (728 m de altitud), en la fecha que realizamos esta excursión este ramal de acceso estaba en obras con la intención de darte una mayor amplitud. Estacionamos nuestro vehículo en el espacio acondicionado para aparcamiento. Como en todos los tozales es necesario aterrazar la zona para poderla cultivar, pequeñas fajas rodean el pueblo, en alguna de las márgenes los almendros delimitan su serpenteante trazado, también esta presente algún olivar de reciente plantación. Entramos en el pueblo, por su única calle en pendiente, que desconoce la trayectoria recta, en una de las fachadas de las viviendas de mampostería destaca la puerta de entrada claveteada, bajo arco de medio punto de 7 dovelas, la clave tiene motivos decorativos. Cuenta con escudo “armas de los Bescós”. La Iglesia dedicada a Santa Cecilia, edificio de sillería del S XVIII, en las esquinas de la fachada tiene empotrados dos capiteles pertenecientes a un templo de origen románico, con motivos decorativos, el de la esquina derecha esta girado hacia el interior de la pared, los que están sobre la puerta de entrada, los efectos de la erosión han hecho mella en ellos difuminando los relieves esculpidos. De una sola nave cubierta con bóveda de cañón deprimido (“mesa de interpretación del entorno”) . En el campanario se emplaza un centro de interpretación del Buitre. Frente a la Iglesia se encuentra uno de los centros de interpretación del Parque de Guara. La calle sigue ascendiendo entre edificios de mampostería y tapial, esquinazos de sillería, cadenas de sillería y alguna puerta con arco de medio punto, uno de ellos de dovelas rusticas, hasta una plaza de reducidas dimensiones. En la salida del pueblo nos encontramos con una vecina que comenta el día tan favorable en cuanto a climatología para salir al campo. Nos acercamos hasta un espacio habilitado para observar las aves. Varios buitres describiendo una trayectoria circular planean por el entorno ganando paulatinamente altitud, también desde este enclave se aprecia la horizontalidad de la estratificación del terreno. Una vez que hemos rebasado dicha población una llanura oculta por el sur tanto los edificios como las pequeñas parcelas que se encuentran en un vallón a mano izquierda. A escasos metros siguiendo el desvío dirección oeste damos con un pequeño muro de mampostería, con una piedra acanalada en la base por la cual en estos momentos no discurre el agua, a su izquierda, al otro lado del camino oímos la musicalidad de las cristalinas aguas de una fuente bajo un nogal, el lugar ha sido acondicionado como merendero con sus mesas y respectivos bancos. Unos metros más adelante un manantial vierte sus aguas a una balsa que se utiliza para el riego. Olivos, huertas y alguna colmena quedan al abrigo de la ladera que los oculta al visitante.
Los campos de labor desaparecen, una capa de monte bajo recubre la zona, llegamos a una mesa de interpretación que nos da información sobre la Sierra, así como de las rutas que podemos seguir: Tozal de Guara, Camino de Used, Tozal de Cubillas y Grallera Alta. En este punto también se sitúa la cadena que limita el tráfico a los vehículos de tracción mecánica. La pista sube en algunos tramos con fuerte pendiente, así nos lo hacen saber puntualmente nuestras piernas en nuestro caminar entre coscolleras y rocas de conglomerado, que conforme ganamos en altitud pasa a ser roca caliza. El campo visual va aumentando, divisamos: Bastarás, Panzano, Coscullano, Sipán, Aguas,....... la niebla en la zona baja limita la visión de las poblaciones lejanas, todo un mosaico multicolor compuesto por teselas de las parcelas de cultivo, de almendros, olivos, huebras. Mientras que el despertar del cereal (enero) va tornando tímidamente de verde esperanza el paisaje agrícola. También podemos otear elementos defensivos de antaño, el castillo de Montearagón, la Atalaya de Santa Eulalia y el tozal de Arraro con su inconfundible espolón en forma de tronco de cono, en el cual se emplazaba el castillo, también más al sureste se situaba el castillo de Marmañana (entorno próximo del Gorgonchon en el Formiga), del cual queda alguna hilera de sillares y parte de un aljibe . Unos metros más adelante nos detenemos para observar parte de la obra escultórica de la red hídrica plasmada en la angostura de los cañones del Formiga, tan concurridos en las épocas estivales para la práctica del descenso de barrancos.
Seguimos caminando, sentimos bajo nuestros pies en algunos tramos de la senda el terreno mullido por la acción de las heladas, las últimas precipitaciones habían humedecido el terreno, el cual al helarse el agua se dilata, elevándolo unos milímetros, cuando sube la temperatura se funde el armazón de hielo quedando el terreno esponjoso. Aumenta la presencia de alguna carrasca de escasa altura entre los buchos con su colorido de tintes rojizos por el intenso frío, tan apreciada en otros tiempos su madera. Tras pasar una zona helada en la cual no incide todavía la calidez de los rayos solares, llegamos a una pequeña explanada al pie de un estrato calizo, en la cual aumenta la reciura de la tierra fértil, con signos evidente de haber sido cultivada en antaño, “Las Pauletas” hay una construcción de reducidas dimensiones, planta rectangular, sus paredes construidas con mampostería irregular, tejado de teja árabe de un agua, su interior está ahumado.
Nos vamos aproximando a la subida del Pajarico, pasamos una zona de umbría, la temperatura es bajo cero, el terreno esta helado y la nieve no se ha fundido. Tras este pequeño desnivel se encuentran las balsas de Fondarres, se trata de 5 pequeñas pozas de planta circular, la pendiente del terreno hace que el agua discurra de la del nivel superior a la del nivel inferior por la acción de la fuerza de la gravedad, las bajas temperaturas actúan sobre la superficie del agua de dichas balsas, pasando de estado liquido a sólido, aumentando o disminuyendo el grosor de la capa de hielo en función de la temperatura, en la estación estival si es escasa en precipitaciones suelen estar secas. La vegetación va cambiando, desaparecen las pequeñas carrascas y un manto de erizón recubre la zona, seguimos ascendiendo hasta llegar a una bifurcación de la senda, dirección oeste se dirige al Tozal de Guara, con sus 2077 m, pasando por el collado de Vallemona, enclave en el cual se emplaza un pozo de nieve restaurado. Pedro Ayudo Vivar da información sobre esta construcción de la mano del hombre en su libro Pozos de nieve y hielo en el Alto Aragón, (pozo de Vallemona): “ se denomina igualmente pozo del Duque, por su pertenencia al duque de Villahermosa, conde de Guara. Las medidas son de 6,50 metros de diámetro por 4 de profundidad, aunque están tomadas con anterioridad a los trabajos de rehabilitación, ahora dispone de una bóveda que, posiblemente, no se corresponde con su cierre original.” También en dicha bibliografía aporta un retrato del pozo antes de su restauración.
Al suroeste del pozo todavía permanecen los restos de una construcción, son bien visibles fragmentos de losas que se utilizaron en la techumbre. En la otra vertiente podemos observar el poljé de los Abeles, se trata de una depresión del terreno, en las fechas que realizamos esta excursión se acumulaba una gran cantidad de nieve, la cual cuando pasa a estado líquido se filtra en el terreno aflorando posteriormente en manantiales o alguna surgencia..
Al este del tozal de Cubilars se emplaza la Grallera Alta, consultamos el libro de Cavidades de Aragón – (Federación aragonesa de espeleología) de Mario Gisberte León y Santiago Carvajal Usón: “ Las primeras exploraciones se iniciaron el 19 y 20 de marzo de 1966. con motivo de la desaparición de un agricultor. Pero no fue hasta el 9 de agosto de 1966 cuando un espeleólogo pisa por primera vez la base de este pozo.
La cavidad se abre con un gran pozo de 277 m. de profundidad, en el que cabe destacar una repisa a –129 m. La boca de entrada reúne las condiciones ideales para tragar nieve y lluvia. Las paredes se encuentran forradas de guano debido a la gran cantidad de grajos que invernan en la grallera.”
Detrás de nosotros observamos que lo que eran unas pequeñas nubes van aumentando y se va formando un reducido banco de niebla que va ascendiendo con ligereza, por seguridad nos damos la vuelta iniciando nuestro regreso, tras haber disfrutado una vez más de la lectura de una página del libro de poesía visual que esconde la Sierra Guara para sus lectores.


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ww.marianoseral.com j. Mariano Seral