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estación invernal había llegado con cierta intensidad en
el presente año, tejiendo un suave manto blanco que cubría
de forma efímera la Sierra Guara, cambiando temporalmente las tonalidades
del lienzo, nos dimos unos días antes de iniciar una nueva excursión,
dando tiempo a los rayos solares que poco a poco fueran ganando perpendicularidad,
gracias al movimiento de translación de la tierra y cual pincel
en mano del pintor cambiasen el colorido del cuadro, fundiendo la nieve
en ese elemento líquido que nutre la red hídrica dándole
vida. Esperando, la mirábamos de reojo, las condiciones de la atmósfera
también hacían cambiar la percepción visual en cuanto
a la cercanía o lejanía, a pesar de que la distancia física
siempre es la misma. En diciembre y enero en más de una ocasión
la podemos ver de blanco, de vez en cuando las nieblas echan el telón
de fondo ocultando temporalmente esta formación montañosa,
en junio el erizón le da tonalidades amarillentas, el resto del
año las calizas la tiñen de azul grisáceo, otras
veces las nubes impulsadas por el viento cabalgan con ligereza sobre sus
crestas tomando formas caprichosas, dejando rienda suelta a la imaginación,
incluso cada año puede cambiar la intensidad de los matices en
función del rigor de las condiciones climatológicas.
En
el primer fin de semana de enero realizamos una excursión por la
zona, nosotros salimos desde Coscullano pueblo del cual soy, seguimos
la A-1227, rumbo a Santa Cilia de Panzano (desde Huesca hay que coger
la N-240 dirección Barbastro, en el Estrecho Quinto tomar el desvío
dirección Bandaliés). Pasamos sobre el río Calcón
y el Formiga que tienen su nacimiento en la vertiente sur de la Sierra.
Por el oeste entre el Borón y Fragineto transcurre el río
Guatizalema, remansando sus cristalinas aguas en el embalse de Vadiello,
por el este al pie de Cabeza de Gura el río Alcanadre, ejerciendo
su pertinaz labor escultórica cincelando el paisaje. En un artículos
de Bienvenido Mascaray publicado por el Diario del AltoAragón,
nos da abundante información de la Sierra Guara, así como
su significado “los torrentes”, en otro artículo del
mismo autor nos habla del Calcón y del Formiga, la procedencia
de su nombre y su significado, “pedruscos calizos” y “extremadamente
angosto” respectivamente.
La mañana ha salido soleada, mitigando en cierto modo las bajas
temperaturas de las primeras horas del nuevo día. Las zonas de
umbría están completamente cubiertas de una fina capa de
diminutos cristalillos de hielo, que a pesar de teñir la tierra
de un gélido blanco recibe el nombre de rosada. Antes de llegar
a Bastarás a mano izquierda hay un desvío que nos deja en
Santa Cilia de Panzano (728 m de altitud), en la fecha que realizamos
esta excursión este ramal de acceso estaba en obras con la intención
de darte una mayor amplitud. Estacionamos nuestro vehículo en el
espacio acondicionado para aparcamiento. Como en todos los tozales es
necesario aterrazar la zona para poderla cultivar, pequeñas fajas
rodean el pueblo, en alguna de las márgenes los almendros delimitan
su serpenteante trazado, también esta presente algún olivar
de reciente plantación. Entramos en el pueblo, por su única
calle en pendiente, que desconoce la trayectoria recta, en una de las
fachadas de las viviendas de mampostería destaca la puerta de entrada
claveteada, bajo arco de medio punto de 7 dovelas, la clave tiene motivos
decorativos. Cuenta con escudo “armas de los Bescós”.
La Iglesia dedicada a Santa Cecilia, edificio de sillería del S
XVIII, en las esquinas de la fachada tiene empotrados dos capiteles pertenecientes
a un templo de origen románico, con motivos decorativos, el de
la esquina derecha esta girado hacia el interior de la pared, los que
están sobre la puerta de entrada, los efectos de la erosión
han hecho mella en ellos difuminando los relieves esculpidos. De una sola
nave cubierta con bóveda de cañón deprimido (“mesa
de interpretación del entorno”) . En el campanario se emplaza
un centro de interpretación del Buitre. Frente a la Iglesia se
encuentra uno de los centros de interpretación del Parque de Guara.
La calle sigue ascendiendo entre edificios de mampostería y tapial,
esquinazos de sillería, cadenas de sillería y alguna puerta
con arco de medio punto, uno de ellos de dovelas rusticas, hasta una plaza
de reducidas dimensiones. En la salida del pueblo nos encontramos con
una vecina que comenta el día tan favorable en cuanto a climatología
para salir al campo. Nos acercamos hasta un espacio habilitado para observar
las aves. Varios buitres describiendo una trayectoria circular planean
por el entorno ganando paulatinamente altitud, también desde este
enclave se aprecia la horizontalidad de la estratificación del
terreno. Una vez que hemos rebasado dicha población una llanura
oculta por el sur tanto los edificios como las pequeñas parcelas
que se encuentran en un vallón a mano izquierda. A escasos metros
siguiendo el desvío dirección oeste damos con un pequeño
muro de mampostería, con una piedra acanalada en la base por la
cual en estos momentos no discurre el agua, a su izquierda, al otro lado
del camino oímos la musicalidad de las cristalinas aguas de una
fuente bajo un nogal, el lugar ha sido acondicionado como merendero con
sus mesas y respectivos bancos. Unos metros más adelante un manantial
vierte sus aguas a una balsa que se utiliza para el riego. Olivos, huertas
y alguna colmena quedan al abrigo de la ladera que los oculta al visitante.
Los campos de labor desaparecen, una capa de monte bajo recubre la zona,
llegamos a una mesa de interpretación que nos da información
sobre la Sierra, así como de las rutas que podemos seguir: Tozal
de Guara, Camino de Used, Tozal de Cubillas y Grallera Alta. En este punto
también se sitúa la cadena que limita el tráfico
a los vehículos de tracción mecánica. La pista sube
en algunos tramos con fuerte pendiente, así nos lo hacen saber
puntualmente nuestras piernas en nuestro caminar entre coscolleras y rocas
de conglomerado, que conforme ganamos en altitud pasa a ser roca caliza.
El campo visual va aumentando, divisamos: Bastarás, Panzano, Coscullano,
Sipán, Aguas,....... la niebla en la zona baja limita la visión
de las poblaciones lejanas, todo un mosaico multicolor compuesto por teselas
de las parcelas de cultivo, de almendros, olivos, huebras. Mientras que
el despertar del cereal (enero) va tornando tímidamente de verde
esperanza el paisaje agrícola. También podemos otear elementos
defensivos de antaño, el castillo de Montearagón, la Atalaya
de Santa Eulalia y el tozal de Arraro con su inconfundible espolón
en forma de tronco de cono, en el cual se emplazaba el castillo, también
más al sureste se situaba el castillo de Marmañana (entorno
próximo del Gorgonchon en el Formiga), del cual queda alguna hilera
de sillares y parte de un aljibe . Unos metros más adelante nos
detenemos para observar parte de la obra escultórica de la red
hídrica plasmada en la angostura de los cañones del Formiga,
tan concurridos en las épocas estivales para la práctica
del descenso de barrancos.
Seguimos caminando, sentimos bajo nuestros pies en algunos tramos de la
senda el terreno mullido por la acción de las heladas, las últimas
precipitaciones habían humedecido el terreno, el cual al helarse
el agua se dilata, elevándolo unos milímetros, cuando sube
la temperatura se funde el armazón de hielo quedando el terreno
esponjoso. Aumenta la presencia de alguna carrasca de escasa altura entre
los buchos con su colorido de tintes rojizos por el intenso frío,
tan apreciada en otros tiempos su madera. Tras pasar una zona helada en
la cual no incide todavía la calidez de los rayos solares, llegamos
a una pequeña explanada al pie de un estrato calizo, en la cual
aumenta la reciura de la tierra fértil, con signos evidente de
haber sido cultivada en antaño, “Las Pauletas” hay
una construcción de reducidas dimensiones, planta rectangular,
sus paredes construidas con mampostería irregular, tejado de teja
árabe de un agua, su interior está ahumado.
Nos vamos aproximando a la subida del Pajarico, pasamos una zona de umbría,
la temperatura es bajo cero, el terreno esta helado y la nieve no se ha
fundido. Tras este pequeño desnivel se encuentran las balsas de
Fondarres, se trata de 5 pequeñas pozas de planta circular, la
pendiente del terreno hace que el agua discurra de la del nivel superior
a la del nivel inferior por la acción de la fuerza de la gravedad,
las bajas temperaturas actúan sobre la superficie del agua de dichas
balsas, pasando de estado liquido a sólido, aumentando o disminuyendo
el grosor de la capa de hielo en función de la temperatura, en
la estación estival si es escasa en precipitaciones suelen estar
secas. La vegetación va cambiando, desaparecen las pequeñas
carrascas y un manto de erizón recubre la zona, seguimos ascendiendo
hasta llegar a una bifurcación de la senda, dirección oeste
se dirige al Tozal de Guara, con sus 2077 m, pasando por el collado de
Vallemona, enclave en el cual se emplaza un pozo de nieve restaurado.
Pedro Ayudo Vivar da información sobre esta construcción
de la mano del hombre en su libro Pozos de nieve y hielo en el Alto Aragón,
(pozo de Vallemona): “ se denomina igualmente pozo del Duque, por
su pertenencia al duque de Villahermosa, conde de Guara. Las medidas son
de 6,50 metros de diámetro por 4 de profundidad, aunque están
tomadas con anterioridad a los trabajos de rehabilitación, ahora
dispone de una bóveda que, posiblemente, no se corresponde con
su cierre original.” También en dicha bibliografía
aporta un retrato del pozo antes de su restauración.
Al suroeste del pozo todavía permanecen los restos de una construcción,
son bien visibles fragmentos de losas que se utilizaron en la techumbre.
En la otra vertiente podemos observar el poljé de los Abeles, se
trata de una depresión del terreno, en las fechas que realizamos
esta excursión se acumulaba una gran cantidad de nieve, la cual
cuando pasa a estado líquido se filtra en el terreno aflorando
posteriormente en manantiales o alguna surgencia..
Al este del tozal de Cubilars se emplaza la Grallera Alta, consultamos
el libro de Cavidades de Aragón – (Federación aragonesa
de espeleología) de Mario Gisberte León y Santiago Carvajal
Usón: “ Las primeras exploraciones se iniciaron el 19 y 20
de marzo de 1966. con motivo de la desaparición de un agricultor.
Pero no fue hasta el 9 de agosto de 1966 cuando un espeleólogo
pisa por primera vez la base de este pozo.
La cavidad se abre con un gran pozo de 277 m. de profundidad, en el que
cabe destacar una repisa a –129 m. La boca de entrada reúne
las condiciones ideales para tragar nieve y lluvia. Las paredes se encuentran
forradas de guano debido a la gran cantidad de grajos que invernan en
la grallera.”
Detrás de nosotros observamos que lo que eran unas pequeñas
nubes van aumentando y se va formando un reducido banco de niebla que
va ascendiendo con ligereza, por seguridad nos damos la vuelta iniciando
nuestro regreso, tras haber disfrutado una vez más de la lectura
de una página del libro de poesía visual que esconde la
Sierra Guara para sus lectores.
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